sueños y desvelos

Wednesday, March 08, 2006

madrid, febrero del 2006

Madrid, febrero del 2006

Se despertó sudando en una habitación desconocida que, aún así, era la suya. No había sombras. Los grises contrastaban luminosos con el blanco y la ausencia del negro, como una película nocturna filmada con cámara de infrarrojos. Él dormía a su lado, y su miembro, flácido y de color carmesí oscuro, asomaba por la entrepierna del calzoncillo ya algo gastado. No le asombro la nota de color entre las grises imágenes, lo que le asombró, precisamente, fue que todas las imágenes fuera grises y también, que fueran imágenes; aunque ella estuviera inmersa en ellas, no formaban parte de la realidad y se estremeció al darse cuenta de que ella tampoco. ¿Era acaso un sueño? Si, eso tenía que ser.
Tomó la firme decisión de despertarse costase lo que costase, porque supo que si no lo conseguía, iba a quedarse por toda la eternidad en aquel infierno de grises, donde ni los colores ni la oscuridad total eran posibles.
Pateó y sacudió los brazos con las rapidez que no hubo movimiento alguno; cualquiera que estuviera mirando, solo vería a una mujer desnuda dormir placidamente. El esfuerzo la agotó hasta el punto de sentir que se asfixiaba. Tomó aire una vez y otra vez, y aún otra más, hasta que los pulmones de tanto oxigeno empezaron a dolerle, y convencida de que se le estaban agotando las fuerzas e iba a quedarse atrapada para siempre entre grises, lanzó, al vacío, un grito de angustia y protesta que nadie oyó. Los pulmones se vaciaron, las piernas y los brazos dejaron de forcejear y como por arte de magia se despertó sudando en una habitación conocida que, aún así, no era la suya